Los patéticos juegan con el lenguaje, más en la fantasía que en las situaciones reales; de estas desean escapar. No olvidemos su disfuncionalidad social. Interactúan, no les queda otro remedio, pero siempre parecen recién llegados cuando todos están ya en la escena y saben más que el propio implicado qué es lo que sucedió.
De gran imaginación, los patéticos son los amos del lenguaje, son capaces de crear laberintos verbales y se pierden en ellos, quedando fuera de la escena social. Ha sucedido a más de un patético el diagnóstico de coma, cuando en realidad se hallaba en medio de los vericuetos de su propio laberinto, luego hablan y se genera la sorpresa. Piensa en frases completas, poéticas, bellas, pero sólo es capaz de decir monosílabos.
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